miércoles, abril 05, 2006

Posted by Manuel Mª |
Reportaje aparecido hoy en El País:

Los genes guiarán la dieta

ANGELA BOTO - Madrid

En un futuro, quizá no muy lejano, antes de ir al supermercado o de salir a cenar a un restaurante habrá que pensar en llevar en la cartera no sólo la tarjeta de crédito, sino también la genética. En ésta última se encontrarán almacenadas las peculiaridades del genoma personal directamente relacionadas con la alimentación. A la hora de llenar la despensa o de elegir en una carta se leerá el chip nutrigenético y un sistema inteligente informará de los alimentos más recomendados para que una persona en particular reduzca el riesgo de enfermedades cardiovasculares, de cáncer o para que aumente su esperanza de vida. Hay quienes incluso vaticinan que se podrán mejorar ciertas facultades como la capacidad de concentración simplemente siguiendo una dieta determinada.

La decodificación del genoma humano trajo primero los tratamientos a la carta, fármacos diseñados para una carga genética determinada, y ahora la genómica se cuela en la cesta de la compra. Los expertos aseguran que 2006 será el año en el que la nutrigenómica arranque con fuerza. Éstos últimos no han sido buenos tiempos para la nutrición. Se han publicado datos que parecen indicar que las dietas bajas en grasas no son tan saludables como se había pensado, la soja tampoco ha pasado los últimos exámenes sobre sus beneficios. En definitiva, los datos sobre alimentación son en la mayoría de los casos confusos, pero esta situación, así como las recomendaciones dietéticas universales, podrían tener los días contados. "Hay que reconocer que somos genéticamente diferentes y que reaccionamos de manera diferente a los nutrientes, de ahí la idea de combinar genética con nutrición. Así obtendremos recomendaciones personalizadas y basadas en la ciencia", asegura José Ordovás, director del Laboratorio de Nutrición y Genómica de la Universidad Tufts (Estados Unidos). De hecho, se piensa que las investigaciones en esta área desvelarán las razones por las que algunas personas se pasan la vida a dieta y nunca logran adelgazar, o descubrirán el secreto de aquellos que se pueden permitir una pésima alimentación sin sufrir consecuencias catastróficas para su salud.

Bien es cierto que ya existen compañías que ofrecen estos servicios, pero todos los expertos coinciden en recomendar a los potenciales clientes que se ahorren su dinero porque todavía no hay datos suficientes. "Puedo hacer las pruebas, no es difícil, pero no tenemos suficiente investigación básica que conecte las variantes genéticas con toda la complejidad de la comida como para decir qué se debe comer", afirma Jim Kaput, experto en el área de la Universidad de California y también presidente de su propia empresa de nutrigenómica.

Lo que está cada vez más claro es que los nutrientes interaccionan directamente con los genes y todo parece indicar que ciertos alimentos son capaces de poner en marcha regiones de la doble hélice con acción protectora frente a algunas enfermedades, mientras que otros provocan el efecto contrario. Pero, una vez más, estos hallazgos no tienen una aplicación universal porque existen individuos con variantes genéticas en las que la mencionada relación entre nutrientes y genes no funciona. Por ejemplo, se sabe que el té verde es saludable por sus efectos antioxidantes, pero es posible que haya personas con configuraciones de su ADN que hagan que no se beneficien de sus propiedades. De hecho, un estudio de la Universidad de Carolina del Sur (EE UU) sugiere que una variante genética de una enzima es la responsable de que algunas mujeres disfruten de una protección más alta frente al cáncer de mama con el consumo de la mencionada bebida. El caso contrario también sería válido: individuos cuya carga genética les hace menos susceptibles a las bondades del té.

Ordovás explica que la nutrigenómica tiene dos dimensiones que abordan los aspectos mencionados. Por un lado, se encarga de descubrir el complejo laberinto de interacciones entre los alimentos y el ADN. Por otro, la nutrigenómica se encarga de estudiar la prevención de patologías por medio de la dieta. "En el futuro, primero se analizará el riesgo genético de desarrollar una enfermedad -cardiaca, cáncer, diabetes- y después se decidirá el tipo de prevención", asegura este investigador español aficando en EE UU. Un ejemplo ilustrativo de ello serían los datos obtenidos sobre dos proteínas que funcionan en tándem para eliminar del organismo un tipo de toxinas que se producen, entre otras cosas, en la carne demasiado asada (o churruscada). Hay una variante genética, mucho más común entre los japoneses que entre los caucasianos, que provoca un desequilibrio en las mencionadas proteínas y, como consecuencia, un aumento de la incidencia de cáncer de estómago. Resultado: los japoneses deberían de evitar comer la carne muy hecha. Pero cuando no sean capaces de resistir la tentación podrían añadir a su comida ajo y brécol que contienen nutrientes que favorecen el equilibrio de las proteínas limpiadoras de tóxicos. Obviamente la tarea de crear recomendaciones no es tan sencilla, no sólo porque existe una infinidad de combinaciones de nutrientes con sus correspondientes interacciones, sino porque en la fotografía completa hay que poner en juego la gran cantidad de factores medioambientales que influyen en la expresión de los genes.

La nutrigenómica ya está generando muchos movimientos. Aunque algunos investigadores del campo aseguran que las compañías farmacéuticas no están muy contentas por el futuro que ofrece la nutrigenómica, las empresas del sector alimentario comienzan a prepararse para aprovechar el lucrativo mercado que se vislumbra. "Se cree que el presupuesto familiar destinado a la alimentación va a aumentar considerablemente", asegura Andreu Palou, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de las Islas Baleares y miembro de la Organización Nutrigenómica Europea (NUGO, sus siglas en inglés). Según este científico, en la actualidad existe una exigencia real en los países más ricos en cuanto a alimentación, hay una demanda de salud.

Pero no sólo las empresas se han puesto a la tarea nutrigenómica, los especialistas en ética también. "Tenemos que estar seguros de que es más que una herramienta comercial", asegura Rixt Komduur del Centro for Society and Genomics (Holanda) donde se está realizando un proyecto para estudiar los aspectos éticos de la introducción de una tarjeta nutrigenética, así como el riesgo de un mal uso de los datos o la incertidumbre de las personas que descubran una alteración para la que no hay ninguna solución.

En cualquier caso, parece que la genómica va a modificar los hábitos alimenticios y, lo que es más, "va a producir cambios en el consumidor porque hasta ahora lo tenía todo hecho. En adelante tendrá que preocuparse y responsabilizarse individualmente de su salud y de sus elecciones dietéticas", dice Palou.

Por lo que se refiere a la investigación en nutrigenómica, el viejo continente se ha adelantado a la estadounidense. La Comunidad Europea ha asignado 18 millones de euros a NUGO con el fin de integrar en una red a los grupos que trabajan en esta área y facilitar el intercambio de conocimiento. Por el momento, la integran 22 centros de distintos países de la Unión Europea. El único centro español presente es la Universidad de las Islas Baleares con el grupo de Biología Molecular, Nutrición y Biotecnología dirigido por Palou. En la península, existen distintos equipos investigando en el área. "La idea es crear un consorcio en España", explica el científico mallorquín. Parece que el primer paso ya se está dando puesto que Palou va a asumir la dirección del recién constituido Instituto de Investigaciones Sanitarias Pere Virgili en Tarragona que se centrará fundamentalmente en nutrigenómica. Palou espera que también las empresas de alimentación se integren en el mencionado consorcio.

Pero todo apunta a que la nueva disciplina se extenderá por todos los continentes. Ordovás puede ser considerado el puente entre América y Europa, y también Asia. Está trabajando junto con NUGO para crear un consorcio internacional. El objetivo no es sólo la colaboración de las distintas naciones, sino obtener datos sobre la interacción entre alimentos y genes procedentes de una amplia muestra de culturas y razas diferentes.



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