sábado, diciembre 10, 2011

Posted by Manuel Cardeñosa |


Vía el twitter de @tonisolano leo este artículo de opinión de Antonio Mas en El Pais:

Acabo de leer que un diputado electo ha renunciado a que el Congreso le pague el acceso a Internet en su casa. Primera noticia que tengo de que sus señorías dispongan de ese privilegio.
Soy profesor titular de la universidad, mis clases se pueden descargar desde el servidor de mi universidad, mis alumnos me pueden consultar a través del correo electrónico sus dudas, puedo gestionar las actas, contactar con los alumnos en grupo o bien individualmente, todo y mucho más de lo estrictamente necesario para que los alumnos dispongan de lo mejor en el mínimo tiempo. Todo esto se hace cuando se puede y muchas veces desde casa. Por supuesto, el acceso a Internet lo pago de mi bolsillo, de ese bolsillo al que ya le redujeron el sueldo hace unos meses y al que se lo van a volver a reducir. Y todo, no por llevar adelante un país (por el que muchos darían hasta la última gota de su sangre mientras sus dirigentes no pueden ni pagarse la conexión a Internet), sino por intentar dar la mejor formación a nuestro futuro.
Renunciar a este tipo de gastos sería un gesto muy bienvenido por la sociedad en estos momentos tan precarios y, más que un gesto, una necesidad.

No somos pocos los docentes de secundaria que firmaríamos las mismas palabras. Les añado alguna cosa más: mi twitter está abierto a alumnos y familias,  utilizo mi acceso a internet para mi formación continua, que deriva sin ningún género de dudas en una mejor actividad profesional  (que sea o no buena ya no me corresponde a mi decirlo) y gestiono mis blogs de asignatura y tutoría.

Acabo con parte de una entrada del blog de Toni Garrido

Pudor, decencia, coherencia, no las busquen en Bruselas, es más probable que las encuentren en la cola del paro.

Agradecer a Antonio Mas su artículo.

Yo también me pago mi conexión.

Yo también estoy indignado.

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